Expiró. En ese mismo instante, vi aparecer en el centro de la habitación un colibrí blanco. Giraba rápido, bufando como un moscardón, con el pico hilado a un centro invisible. Formaba a cada vuelta órbitas más pequeñas, cada vez con más celeridad, componiendo una espiral vertiginosa que se elevó hasta llegar al techo de la sala. Tras una luz deslumbrante que inundó la habitación, desapareció. Duró un segundo.
Este es un fragmento de “El colibrí blanco”, el segundo libro del escritor Esteban Gutiérrez, finalista del premio Felipe Trigo de Narración Corta 2008 y primera apuesta de EH en su recientemente inaugurada colección de narrativa. No habría podido, la editorial, tener mejor acierto. Que el autor ama a las letras y las letras le aman, es un hecho irrebatible.
Si buscáis el placer consumista de etiquetar, y tenéis esa necesidad imperiosa y os digo desde ya, absurda, de clasificarlo todo y meterlo en un bote y mirarlo, lo vais a tener difícil con Esteban. Lo bueno es genuino y no se parece a nada, y “El colibrí blanco” carece de etiquetas, no podemos afirmar que se trate de una novela, ni de un cuento largo, sino que como él mismo confiesa, se trata de una mixtura donde el lector, debe terminar de hornear la masa en su cabeza.
Así, se suceden saltos de tiempo, se inmiscuye como otro personaje más de la historia el género epistolar, encontramos informes policiales y muchas más sorpresas, que conforman un gran rompecabezas ciertamente exquisito.
Destacar, las potentes imágenes que evocan sus palabras, la delicadeza poética de sus descripciones, y la acertada libertad creativa que lo guía. “El colibrí blanco” te arrastra desde el principio para sumergirte en su tinta sin remedio.
Y como en el cuartito de pensar somos muy curiosos, le pedí a Esteban que nos hablara de él y de su libro un poquito, y amablemente nos concedió esta entrevista:
Si buscáis el placer consumista de etiquetar, y tenéis esa necesidad imperiosa y os digo desde ya, absurda, de clasificarlo todo y meterlo en un bote y mirarlo, lo vais a tener difícil con Esteban. Lo bueno es genuino y no se parece a nada, y “El colibrí blanco” carece de etiquetas, no podemos afirmar que se trate de una novela, ni de un cuento largo, sino que como él mismo confiesa, se trata de una mixtura donde el lector, debe terminar de hornear la masa en su cabeza.
Así, se suceden saltos de tiempo, se inmiscuye como otro personaje más de la historia el género epistolar, encontramos informes policiales y muchas más sorpresas, que conforman un gran rompecabezas ciertamente exquisito.
Destacar, las potentes imágenes que evocan sus palabras, la delicadeza poética de sus descripciones, y la acertada libertad creativa que lo guía. “El colibrí blanco” te arrastra desde el principio para sumergirte en su tinta sin remedio.
Y como en el cuartito de pensar somos muy curiosos, le pedí a Esteban que nos hablara de él y de su libro un poquito, y amablemente nos concedió esta entrevista:
-Antes que escritor, generalmente uno se hace lector. ¿Cuál fue tu primer contacto con los libros?No sabría decir cuál fue el primer libro de mi vida, pero sí sé cuál fue el libro que me hizo buscar en la literatura otros mundos: Los tres mosqueteros, de A. Dumas. Tenía nueve años y aquel verano, después de ese libro, me leí todo lo que pude de Salgari y de Verne. La aventura era lo mío.
- ¿Cómo fue tu inicio como escritor?
A los diecisiete años escribí mi primera novela. Se llamaba (se llama, todavía la conservo, escrita en una Olivetti con cinta de tinta roja porque la parte de tinta negra estaba desgastada) Estrella del rock y su bisoñez aún me hace enrojecer. Pero si escritor es aquél que necesita escribir cada día, eso sucede desde hace una década. Soy fruto de esos talleres literarios de los que ahora soy profesor.
- En tu perfil de buen bloggero, afirmas que no sabes cómo acabaste tragado por la literatura, ¿qué te ha aportado éste otro mundo de las letras?
Pues este mundo del negro sobre blanco, ha resultado ser el mundo verdadero, el que más satisfacción me produce. Contar historias en un cuento o en un poema es para mí realizar un exorcismo. Pienso que todo lo que me preocupa o todo lo que me hace reír acaba siendo pasto de mis dedos sobre el teclado del ordenador.
- Cuentista confeso, ¿crees que el cuento forma parte inseparable del desarrollo humano?
El cuento es para mí el arte narrativo más exigente tanto para el escritor como para el lector y se sitúa al mismo nivel que la poesía como máximos representantes de la literatura. El cuento y la poesía exigen un lector reflexivo, que vaya más allá de lo que en apariencia está escrito. En este sentido se puede decir que el cuento ayuda a desentramar los mecanismos del cerebro que nos rigen. Cuento y poesía son etapas iniciales o finales, nunca etapas de tránsito.
- En Sudamérica, como he podido comprobar, aún está muy extendida la cultura del cuento. ¿Qué ocurre en nuestro país, que no se toman en serio a los cuentistas, y que son devaluados con respecto a los que cultivan los demás géneros?
Esa es mi lucha. Desde el punto de vista de lo que se lee, podemos observar como en los países asiáticos, los islámicos, en el oriente próximo y en África, el género literario dominante es la poesía. En el resto del mundo (donde lo que se lee coincide con lo que se vende, con lo que se comercia en ese llamado “primer mundo”) domina la novela. Tanto en un caso como en otro, el cuento tiene su espacio. En los países dominados por la poesía, el cuento es la segunda opción. En los países dominados por la novela, en cuanto a narrativa, el cuento es también la segunda opción. El cuento tiene, pues, mucha importancia en el panorama narrativo del mundo.
¿Qué ocurre en España? ¿Por qué el cuento no se valora?
Desde el punto de vista creativo, el cuento siempre ha sido un escalón. Siempre que comparto un cuento alguien me dice: ¿Y para cuando la novela? Siempre que inicio un taller de creación literaria alguno de los alumnos me dice que quiere hacer el taller de relato pero lo que realmente desea es escribir novelas y piensa que es un paso necesario para llegar a ello. Ese apellido, escalón, no ha beneficiado al cuento.
Por otra parte los editores españoles dicen que no publican cuento porque es un género que carece de lectores. No hay lectores de cuento. Lo que en realidad quieren decir es que el cuento no se vende o, por lo menos, no se vende tan bien como se vende la novela. Pero, claro, esto nos conduce a una espiral: si no se publica, los lectores no tienen acceso al cuento, por lo que nunca conocerán ese arte literario.
Estudiando el problema se descubre que, efectivamente, en Sudamérica (y en Norteamérica y en Europa) el cuento goza de muy buena salud. Es un género que cuenta con muchísimos lectores, fieles a su dinámica y entusiasmados con sus propuestas, que admiran lo breve y buscan complicidad a la par que entretenimiento en la literatura.
¿Por qué allí sí y aquí no?
Pues uno de los motivos (quizá el fundamental) es que el cuento se difundió allí a través de periódicos y revistas. Fue primero cuento de noticiero y luego recopilación en libro. Los lectores de periódicos buscaban (buscan, afortunadamente todavía mantienen esa práctica) a diario el cuento de F. o de G., el guiño de cada mañana.
En España el cuento no ha tenido esa oportunidad. Bien es cierto que en Sudamérica el boom del cuento tuvo lugar cuando los mayores editores y directores de periódicos eran cuentistas, y que en Norteamérica se producía porque las revistas literarias universitarias (también dirigidas por cultivadores de lo breve) daban (como es lógico tratándose de una revista) prioridad al cuento y colaboraban con periódicos importantes. Los lectores españoles no pueden saber si les gusta o no el cuento como género literario porque la difusión ha sido mínima.
En este sentido escribí un MANIFIESTO POR EL CUENTO dirigido a periódicos y revistas españoles y os animo a adheríos a él. Antes de final de año llegará a todos los medios de comunicación de este país. Esperemos que tenga el eco suficiente para que el cuento goce de un espacio diario y permanente.
- Dices, al igual que Benedetti en su poema “Cuando el barco es dejado por las ratas” y en la misma línea de Mauricio Gil Cano en su poema “Los raros”, que elegiste fracasar. ¿Saber que hay más belleza en la derrota es el motor que empuja a los escritores a la rendición?Lo cierto es que me esforcé mucho en un trabajo y cuando podía recoger los frutos de más de veinte años de entrega, descubrí que había luchado por algo que no era lo que yo quería. Me había sacrificado media vida por nada. Entonces, contra lo establecido en esta sociedad competitiva y consumista, elegí dar de lado mis aspiraciones profesionales y volcarme en los que realmente me satisfacía: escribir.
Todos somos perdedores en esta sociedad contaminada de envidias, en la que las estrellas a seguir son futbolistas, gente sin escrúpulos y periodistas carroñeros, en la que mueren niños de hambre ante la insensibilidad humana... Podría seguir pero conocéis todos los ejemplos.
La derrota es una oportunidad para mirarse dentro y sacar conclusiones.
- ¿Qué encontraremos de ficción y de verdad en la prosa de Esteban Gutiérrez Gómez?
Podríamos decir que mi arcón está lleno de vivencias y recuerdos, de sueños, del observar diario de las cosas, de ese mínimo detalle sin importancia que se me graba en la mente, de olores y visones, de sensaciones. He aprendido a ver la vida con otros ojos, esa mirada de escritor, y lo que veo muchas veces queda reflejado en mis narraciones y poemas. A partir de todo eso surge la ficción.
Soy un confeso admirador de la obra de Cortázar. Sus lecturas fueron las que me hicieron ser escritor. Admiro sus experimentaciones, el juego en su prosa y en su estructura, la perfección de sus cuentos, la intensidad y el manejo de los mismos, el manejo de los tonos narrativos, la bestialidad de sus novelas, el secretismo que esconden algunos de sus cuentos, la sinceridad de su poesía.
Los escritores españoles a los que admiro son muchos pero para no hacer una lista sólo nombraré a dos: Manuel Rivas, la saudade y la pulsión de sus cuentos y narraciones, la magia que desprenden; y Rafael Chirbes, su inconformismo y su admirable retrato, novela tras novela, de la sociedad española en la que hemos vivido y vivimos.
- El título de tu libro, como idea referente de toda la extensión del concepto, puede considerarse en sí mismo como una bella imagen poética en movimiento, ¿nos podrías desentrañar el significado de El colibrí blanco?
El colibrí blanco es una metáfora de la verdad. Los hechos que cuento en esta narración sólo son entendibles en una época concreta, llena de miedos. La verdad no vale nada fuera del tiempo y del lugar en el que tuvo lugar.
- Estamos, según se dijo en la presentación en la Escuela de Hostelería de Jerez, ante una novela no convencional “porque no atiende a las reglas de presentación, nudo y desenlace”. ¿Es necesaria la libertad creadora siempre, o sólo a veces?
Mi narrativa se caracteriza por utilizar técnicas propias del cuento como género literario para contar una historia sin atenerme en su extensión a lo puramente establecido. Busco la riqueza en la mistura, ofreciendo al lector una trama incompleta pero que él es capaz de conformar, de forma que se sienta partícipe en su creación. Es un concepto superior al mero entretenimiento con la literatura que ofrecen la mayoría de narraciones convencionales y, a la vez, acerca el cuento a los lectores.
Admiro cada una de las propuestas literarias que tratan de salirse de lo convencional. Reconozco su mérito aunque el efecto deseado no se haya conseguido.
- ¿Qué le recomiendas al lector que está a punto de sumergirse en El colibrí blanco?
Que demore la lectura de El colibrí blanco hasta que disponga de dos horas libres, tranquilas, en las que podría disfrutar de un atardecer o de un momento para mirarse por dentro. Uno de esos momentos de paz. Que abra esa botella de vino que guarda para una ocasión especial. Que se sirva una copa y observe la cubierta del libro. Que luego empiece a leer y se deje llevar hasta el final. Todo lo demás lo hará su mente.
- Ya para acabar, ¿podrías contarnos un cuento con una sola frase?
Un reto dificilísimo este de los nanorrelatos.
Podría contarte un cuento en dos frases:
“Me marcho, no os preocupéis más”
Los escritores españoles a los que admiro son muchos pero para no hacer una lista sólo nombraré a dos: Manuel Rivas, la saudade y la pulsión de sus cuentos y narraciones, la magia que desprenden; y Rafael Chirbes, su inconformismo y su admirable retrato, novela tras novela, de la sociedad española en la que hemos vivido y vivimos.
- El título de tu libro, como idea referente de toda la extensión del concepto, puede considerarse en sí mismo como una bella imagen poética en movimiento, ¿nos podrías desentrañar el significado de El colibrí blanco?
El colibrí blanco es una metáfora de la verdad. Los hechos que cuento en esta narración sólo son entendibles en una época concreta, llena de miedos. La verdad no vale nada fuera del tiempo y del lugar en el que tuvo lugar.
- Estamos, según se dijo en la presentación en la Escuela de Hostelería de Jerez, ante una novela no convencional “porque no atiende a las reglas de presentación, nudo y desenlace”. ¿Es necesaria la libertad creadora siempre, o sólo a veces?
Mi narrativa se caracteriza por utilizar técnicas propias del cuento como género literario para contar una historia sin atenerme en su extensión a lo puramente establecido. Busco la riqueza en la mistura, ofreciendo al lector una trama incompleta pero que él es capaz de conformar, de forma que se sienta partícipe en su creación. Es un concepto superior al mero entretenimiento con la literatura que ofrecen la mayoría de narraciones convencionales y, a la vez, acerca el cuento a los lectores.
Admiro cada una de las propuestas literarias que tratan de salirse de lo convencional. Reconozco su mérito aunque el efecto deseado no se haya conseguido.
- ¿Qué le recomiendas al lector que está a punto de sumergirse en El colibrí blanco?
Que demore la lectura de El colibrí blanco hasta que disponga de dos horas libres, tranquilas, en las que podría disfrutar de un atardecer o de un momento para mirarse por dentro. Uno de esos momentos de paz. Que abra esa botella de vino que guarda para una ocasión especial. Que se sirva una copa y observe la cubierta del libro. Que luego empiece a leer y se deje llevar hasta el final. Todo lo demás lo hará su mente.
- Ya para acabar, ¿podrías contarnos un cuento con una sola frase?
Un reto dificilísimo este de los nanorrelatos.
Podría contarte un cuento en dos frases:
“Me marcho, no os preocupéis más”
© Una entrevista de Sandra Rubio, para El cuartito de pensar.
pd. Más y mejor sobre Esteban Gutiérrez en:
http://ellaberintodenoe.blogspot.com/
http://bacovicious.blogspot.com/
http://alotroladodelespejorevista.blogspot.com/
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Nota de la autora: El que no se sume al MANIFIESTO, es un novelista.








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