11.21.2007

APUNTES EN EL MARGEN DE UN GUIÓN

He tenido la suerte, de mantener numerosas charlas con David, y en grupo, corrernos numerosas juergas, de las cuales muchas de ellas terminaron en casa de alguno, (a altas horas de la madrugada),con guitarras en la mano y derramando poesía. Le admiro profundamente, como persona, y como poeta, y me inspiró también cuando empecé torpemente a juntar palabras. Para los que no le conozcan les invito a hacerlo, a través de uno de sus poemas:

APUNTES EN EL MARGEN DE UN GUIÓN

La vida importa,
aunque el camino recto
acabe siempre en callejones sin salida.
Importa contar historias,
hacer equilibrios sobre la cuerda,
disipar el miedo.
La vida importa,
aunque encontremos oasis
tan sólo de agua salada,
aunque la música que suene
sea tan sólo un baile de burdel.
Importa mantener en pie nuestra palabra,
aunque se tambalee por calles
de automóviles oscuros,
aunque la hayamos vendido alguna vez,
seguramente por amor,
aunque quién sabe.
La vida importa,
la que hacemos nuestra
con un amor acompañándonos
a cuya muerte no sobreviviremos.
Aunque el odio camine con zancos
por encima de las cosas,
aunque el amigo de todos
sea un vendedor de cuchillos,
aunque tan sólo crean a los mismos
que intentan dejarnos ciegos,
la vida importa.
Importa su brillo superviviente,
su tozudez de alcohólico irredento.
Aunque el horror no lo disipe el humo,
ni el bourbon caro,
ni los ojos entreabiertos de la bruma.
Aunque no haya nada que decir,
la vida importa.
Aunque sepas que al final
todos los hombres mueren derrotados.


David Eloy Rodríguez.
De Zoo de animales heridos.

Infectados

Esther Lapeña, integrante del grupo poético Trecetrenes, escribe una poesía concreta, concisa, con personalidad. Y da en la llaga, y llega más adentro, certeramente. Una vez que la lees, no puedes dejar de hacerlo. Os invito a conocerla, a través de un breve poema publicado en el número 4 de trecetrenes. Ya me dirán si no enamora.

En mi casa
hay cucarachas.
Yo pienso
que son Kafka
y así me dan
menos asco.

Me convenzo
de que son sólo
una rara plaga
de supervivientes
una simple huella
de la infección
una sombra de
la imperfección.

Esencialmente
como los humanos.

Esther Lapeña Altabás

la locura



Mi reino por un bote de hojalata
amarrado a una cuerda,
y desatando
lacónico amor y chispas sobre el suelo.
Mi caballo y mi vida doy,
mi herencia por su escándalo visible.
Dejad que me acompañe
mi animal de latón,
mi arcángel pregonero,
que conoce mejor que yo la lengua
que lleva el fuego de la piedra al aire.
Que se venga conmigo al olvidado barrio
donde duermen las ruecas y las vidas,
y con voz blanca y eco de campana pobre,
le ponga un cascabel al miedo, cuando entra
silencioso y apaga la luna de los frágiles
en el nombre feroz de la cordura.

Eloy Santos (Salamanca, 1963)

EL ARGUMENTO

"El argumento" es la última historia del libro "Cuentos con alcohol " del genial poeta Mauricio Gil Cano. Aunque en realidad, no se puede afirmar con exactitud que se trate de una historia, sino el trasunto del soneto de Lope de Vega sobre cómo se hace un soneto. Es decir, le da otra vuelta de tuerca a la difícil argumentación de hablar del argumento. Y lo hace de una manera ciertamente exquisita y admirable. Como no podía der de otra manera, está aquí por su enorme invitación a la reflexión, a ese tan amado pensamiento. Esperon lo saboreen y disfruten: no es para menos.


EL ARGUMENTO

Lo primero de todo es el argumento. Aquello de lo que se habla, según los manuales de retórica, que admiten además otras consideraciones. Pudiera ser el resumen más o menos extenso de una obra literaria o, en un sentido clásico, del razonamiento que se emplea para convencer sobre algo. Así que en el principio era el argumento, ¿o no? Dice la religión que en el principio era el verbo y el resto vino después. Por tanto, es lícito escribir sin argumento preconcebido, pero si éste es aquello de que se habla, conforme hablamos, estamos creando el argumento. Algo así como hizo Dios: hablar siete días y crear este disparate universal. Luego si hablamos en busca de argumento, ya lo tenemos. Ése es el argumento: su búsqueda por parte del... ¿autor? No se lleven a engaño. Así como Dios –estoy seguro- no buscaba el argumento, yo, a partir de ahora, más bien desde el arranque de estas palabras, dejo de ser yo, es decir, sigo siendo yo, pero no el que creíais -si alguien lo creyese, lo cual es mucho suponer: ¿para qué iba nadie a creer en mí?; pero bueno, demos por sentado que hay ciertas personas que no se cuestionan mi inexistencia, porque me ven a diario o esporádicamente, al menos-. Quiero decir que yo no soy ese yo en carne y hueso que perciben mis vecinos y relaciones, sino el primer personaje que interviene en esta historia -por llamar de algún modo a semejante disertación-: un personaje en busca de argumento. Otra cosa sería pensar hasta qué punto el autor se encarna en este personaje, en qué medida se vierten sus pasiones, qué grado de sí mismo hay en él. En mí. Pero les voy a contar un secreto: el autor no merece la pena, es hombre poco interesante. Hagamos como si no existiera, por favor. Estoy yo, aquí, fumando un cigarro. Claro que ustedes aún no saben dónde es aquí. Desconocen el escenario -en términos teatrales-. ¿Pueden imaginarme? ¿Qué saben en realidad de mí? ¿Es necesario que tenga siempre que dirigirme a ustedes? ¿No puedo obviar al lector? Lo digo porque así me desenvolvería con más naturalidad.

Tal vez la busca del argumento fuera como pedirle un sentido a la vida. Para muchos lo tiene, pero debe ser porque están engañados. ¿Qué sentido posee no fumar un cigarrillo? Preservar la salud, pero es algo relativo. Hay productos muchísimo más venenosos que un cigarrillo y no tomamos ningún tipo de prevención hacia ellos. Nadie nos advierte. Ayer crucé la calle justo detrás de un autobús y me vi envuelto en una nube tóxica. Construyen en frente de mi casa, a poquísimos metros -vivo en una calle extraordinariamente estrecha- y ahora están pintando el edificio. Debo tener las ventanas cerradas, para protegerme del penetrante olor. El único sentido que podría tener no fumar un cigarrillo es su capacidad de adicción. El efímero placer de unos minutos echando humo insta a repetir, en breve plazo. Un cigarrillo invita a otro. El fumador jamás se sacia. He descubierto el sentido de no fumar ahora un cigarrillo: fumármelo después. Con este pensamiento evitaré considerarme un fumador empedernido. Otro sentido de no fumar un cigarrillo es que no tengo ningún paquete de tabaco cerca, aunque se trata más bien de un inconveniente. Si me levanto de la mesa, salgo de la habitación y registro la casa, tal vez encuentre cigarrillos. O no. También podría salir de la vivienda. Hay un establecimiento cerca. Pero incluso en ese pequeño tramo que me separa de él, caminaré expuesto a encontrarme con alguien desagradable. No ya con los dos drogadictos que se meten una papela de caballo en los escalones de entrada; ésos están demasiado engolosinados como para ocuparse de nada más. Claro que nunca se sabe: la reacción de un ser humano resulta en demasiadas ocasiones imprevisible. Ésos son mi peligro doméstico, digamos. Hay otros: paseantes anónimos, vecinos insufribles. En la tienda pueden concentrarse todos ellos. Y además, él: el dependiente, con sus fatídicos modales de falsa cortesía. No estoy dispuesto a arriesgarme. Pasaré sin cigarrillos. Ahora veo el sentido de no fumar por el momento. Bueno, en alguna parte debo tener una cajetilla de Ducados, seguro. Bien sé en dónde. No me engañaré más tiempo e iré a por ella.

Ya estoy echando humo, pero esto no puede ser el argumento. A lo peor, sí. El argumento es humo. Soy un personaje que cumple su argumento. ¿No busco nada más? Poco dura el placer. Se acabó el pitillo. Ya estoy sin argumento, de nuevo. O sigo el argumento de buscar argumento. ¿Qué fue antes? ¿Huevo o gallina? ¿Yo o el argumento? Pregunta ya contestada con anterioridad, pues, en el principio, fue el verbo. Dogma de fe. Y el verbo se hizo hombre. La vida es el argumento. Mi vida. Pero no la voy a contar. Por ahora.

No voy a contarle nada a nadie. Pero anoche, habiendo decidido no salir a exponerme a peligros y distorsiones, me cayó la bomba en propia casa. El chico argentino con su novia, que parece india. Hicieron amistad conmigo y ahora los tengo una noche sí y otra también cenando en mi salón. El chico se toma el coñac de mis botellas con un desparpajo impresionante. Él mismo se llena las copas y las vacía impunemente, una tras otra. Yo, que con una sola paso toda la velada, tengo que estar contemplando cómo el jovenzuelo desperdicia el más exquisito de mis licores en su gaznate. Anoche se terminó mi última botella. No las regalan, por supuesto. Se bebería cuatro o cinco mil pesetas con toda naturalidad. También se fumaron mis cigarrillos. Espantoso. Ya estoy otra vez sin tabaco, sin sentido de la vida. Estuvieron hasta las tantas y, después de comerse, beberse y fumarse todo lo que hallaron, se marcharon dejándome una sensación de vacío irremediable. Además, discutimos. No sé cómo me atreví. Algo tiene esa pareja que disuelve mi voluntad con sólo una sonrisa, o una mirada. Esta vez discutimos, empero. No acaloradamente, pero fui capaz de disentir. Lo cual es buena señal. Ya me voy atreviendo a mantener una posición sobre algo, a hacer valer mi personalidad. Si conservo la firmeza, dentro de nada, no tendré que temer salir a la calle y encontrarme con éste y con aquél. Debo construir una coraza resistente a las inclemencias de los otros, un impermeable para guarecerme de la lluvia ácida que destilan aquellos que llamamos prójimos.

Les he mentido en varios puntos. Primero, respecto a los cigarrillos. No me había quedado sin tabaco. Estuve todo el discurso fumando a mi antojo. Segundo, en cuanto a la frecuencia con que viene a visitarme la pareja argentina. Sólo han cenado dos veces en mi casa. Tampoco se acabaron la botella de coñac. Ni éstas me cuestan cuatro o cinco mil pesetas. Me las regalan, lo cual no disminuye su valor, sino que lo aumenta. Tampoco era coñac exactamente, sino brandy, de una solera familiar que no se encuentra a la venta, prácticamente inencontrable, si no fuera por mi amistad con Borja. Ahora mismo paladeo, de vez en vez, una copa del exquisito brandy que me regaló hace poco. Borja es de las escasas personas autorizadas para venir y pasar un buen rato contándome sus cosas. No es que hable de nada especial, pero me agrada su trato, el mundo que representa, en peligro de extinción. Él y su familia debían ser una especie protegida, pero dudo que nuestras leyes les concedan el mismo aprecio que yo les profeso. Además, ese tipo de leyes nadie las cumple. Nada tiene arreglo. Borja un día morirá cirrótico y pasará al orbe de mi recuerdo, si le sobrevivo.

Podría unir a mi serie de desmentidos el que los argentinos no vinieran anoche, pero esto es relativo. Anoche no es la misma noche de anoche, cuando me refería a ello, pero tampoco anoche me refería a anoche, sino la otra noche: entonces dije anoche, pero ya no es anoche. Relatividad del tiempo. Ambigüedad del lenguaje.

Lo único cierto, por tanto, sería mi aversión a salir a la calle, mi temor a algún encuentro inesperado, cierta enfermiza fobia. Aquí estaría, pues, el argumento, porque el resto sólo resultaría un argumento falso. Pero, por ser falso, ¿ese argumento es menos argumento? Si soy un personaje, debo pertenecer a una obra literaria. La literatura es esencialmente ficción. ¿Qué más da entonces que un argumento sea falso o cómo puede ser falso un argumento? Aquello de que se habla puede ser mentira. Podemos decir mentiras, encauzarlas como perfecto argumento. La verdad es otra cosa, pertenece a otro ámbito: su reino no es de este mundo. La vida puede tener un sentido, sin que necesariamente ese sentido sea verdadero o falso. O verdadero y falso son conceptos que no tiene sentido aplicar.

Creo que filosofo demasiado. No salir a la calle fomenta este tipo de obsesiones. ¿Y si les dijera que sí salgo al exterior y saludo a los vecinos y al tendero hasta le explico el número de cigarrillos que fumo al día, porque éste no exhibe ninguna falsa cortesía? Es una persona encantadora, en verdad. Pero ya decidí obviar a los lectores. Por favor, no me molesten. Concédanme la gracia de no pensar en ustedes, de ser espontáneo.
Pero sí puedo sustentar un argumento falso para convencer de algo. Los políticos lo hacen a menudo. Nos bombardean con falacias, por ejemplo, para justificar la guerra. Los argumentos falsos están hechos pensando en ustedes, en nosotros. Constituyen armas del arte de la persuasión. No quiero persuadir de nada. Obrando espontáneamente, relegaré la falsedad. Pero ¿yo, el personaje? ¿O el autor? ¿El autor me hace a mí -¿a imagen y semejanza?- o es el personaje quien conduce a su creador por los intrincados vericuetos de esta suerte de metaliteratura? Ambos caeremos por un barranco que bien me sé: no hay argumento.

Y ahora, si me lo permiten, voy a retirarme a descansar un rato. Mi autor ha perdido el interés en proseguir la -llamémoslo así- historia. Ya dará con un buen argumento. ¿O no le habré convencido como personaje? ¿Tienen algo que alegar al respecto? Carecen de ese derecho. Esto no es ningún diálogo socrático.

Mauricio Gil Cano
Cuentos con alcohol

Braulio Ortiz Poole presenta en Sevilla Defensa del Pirómano


En el acto, que tendrá lugar en la sala Fnac, intervendrán además Miguel Florián y Mauricio Gil Cano

EH Editores presenta en Sevilla, el próximo viernes 23 de noviembre, a las 20.30 horas, Defensa del pirómano, de Braulio Ortiz Poole. El volumen, que será presentado en la librería Fnac, sita en Avenida de la Constitución, 8, constituye el número 11 de la colección de poesía Hojas de Bohemia. En el acto intervendrán, además del autor, el escritor Miguel Florián, prologuista del libro, y Mauricio Gil Cano, director literario de EH Editores. Miguel Florián afirma en el prólogo que se trata de un poemario inusual y de una poesía arriesgada. Para Florián, "Braulio Ortiz Poole nos habla de ese impulso que nos aboca a la destrucción, a la cuota de conflagración cósmica que nos pertenece a cada uno".
Braulio Ortiz (Sevilla, 1974) ha publicado además la novela Francis Bacon se hace un río salvaje, por la que ganó el Premio Andalucía Joven de Narrativa, y el libro de relatos Biografías bastardas (Sevilla, 2005), obras que la crítica celebró por "el dominio de los diferentes registros literarios" y "la habilidad para construir personajes de enorme fuerza". Aunque Defensa del pirómano es su primer libro de poesía, por sus anteriores incursiones en este género ha conseguido varios galardones de creación joven de diversos ayuntamientos andaluces, además del Premio de Creadores para la Paz de la Fundación Jiménez Becerril.

Al finalizar, se ofrecerá un jerez de honor y un aperitivo por gentileza de las Bodegas Paternina Díez-Mérito y de la Escuela Profesional de Hostelería de Jerez.

11.15.2007

la plaga


LA PLAGA

LAS habían escrito con carbón. Aquí, y un poco más allá, huellas carbonizadas, esperando. Yo llegué mucho después, y desde luego no entendía el porqué. Era todo demasiado complicado. Tanta información me abrumaba, y decidí sentarme un momento. Tal vez si retirase todos los muebles antiguos, quizá un poco de pintura pudiera borrar esta lacra.

Al principio era todo como un juego inocente. Se las podía encontrar al lado de la ropa, ondeando en la azotea, como una mancha difusa, como intento descarado de pequeña intimidación consentida. En las estanterías, detrás de los libros, debajo del teléfono, o enredadas en las sábanas de la cama. Bastaba sacudirlas un poco y arrancarles el polvo del pasado, para desnudarlas. Eran hermosas, y escasas.

Luego fueron más. Comenzaron a llenar mansamente las paredes, colgaban del techo como sigilosas arañas, se arrastraban por el suelo como serpientes de humo, proliferaron por doquier entre los objetos.

Cuando llegaron a las calles la gente empezó a desaparecer. Se refugiaban en sus casas, pero sus casas estaban minadas. Eran muchas. Caían con la lluvia que persistía día y noche (sin descanso), en gruesas gotas tiznadas imbebibles que se diluían en las alcantarillas. Todos callaban. Nadie hablaba, excepto ellas.

Empezó a morir gente. La mayoría eran suicidios desesperados, causa plausible dados los acontecimientos. Se tiraban de los balcones en silencio. Comenzaban a apilarse los cadáveres en las aceras mojadas. No se veían gatos, ni perros, ni ratas. No había moscas. Ellas invadían las carreteras hasta más lejos de lo visible. Se fueron tornando más violentas, a medida que pasaban los días. El cadáver que veis ahí, era mi vecino.

Con carbón, como un Da Vinci encolerizado, mira mis manos: están negras de intentar borrarlas… Tengo la cara, la vergüenza manchada de carbón. No sé cuanto tiempo más podré aguantar esta situación. Ayer, mi abuelo le pegó un tiro a un amigo que intentaba beber agua de su báter. Tal vez si retirase todos los muebles antiguos…, quizá un poco de pintura pudiera borrar esta lacra, momentáneamente, y ganar unas horas.

11.08.2007

Les Cheveux


Rémy de Gourmont

Les Cheveux

Simone, il y a un grand mystère
dans la forêt de tes cheveux.

Tu sens le foin, tu sens la Pierre
où des bêtes se sont posées;
tu sens le cuir, tu sens le blé,
quand il vient d´être vanné;
tu sens le bois, tu sens le pain
qu´on apporte le matin;
tu sens les fleurs qui ont poussé
le long d´un mur abandonné;
tu sens la ronce, tu sens le lierre
qui a été lavé par la pluie;
tu sens le jonc et la fougère
qu´on fauche à la tombée de la nuit;
tu sens la ronce, tu sens la mousse,
tu sens l´herbe mourante et rousse
qui s´égrene à l´ombre des haies;
tu sens l´ortie et le genêt,
tu sens le trèfle, tu sens le latí;
tu sens le fenouil et l´anis;
tu sens les noix, tu sens les fruits
qui sont bien mûrs et que l´on cueille;
tu sens le saule et le tilleul
quand ils ont des fleurs plein les feuilles;
tu sens le mile, tu sens la vie
qui se promène dans les prairies;
tu sens la terre et la rivière;
tu sens l´amour, tu sens le feu.

Simone, il y a un grand mystère
dans la forêt de tes cheveux.

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Rémy de Gourmont

Los cabellos
(Traducción de Juan Ramón Jiménez)

Simona, hay un gran misterio en la selva de tus cabellos.

Hueles a heno, hueles a piedra donde han estado las bestias; hueles a cuero, hueles a trigo recién ahechado; hueles a leña, hueles al pan que se vende por la mañana; a las flores que retoñan en una tapia abandonada; hueles a zarza, hueles a yedra lavada por la lluvia; hueles al junco y al helecho que se siega al caer la tarde; hueles a espino, hueles a musgo, a la hierba marchita y roja que se desgrana a la sombra de los setos; hueles a ortiga y a retama, hueles a trébol, hueles a leche; hueles a hinojo, hueles a anís; hueles a nueces, a los frutos que están maduros y que se cogen; hueles a sauce, hueles a tilo cuando sus hojas tienen flores; hueles a miel, a la vida que corre en las praderas; hueles a tierra y a ribera; hueles a fuego, hueles a amor.

Simona, hay un gran misterio en la selva de tus cabellos.

Meditación de tu nombre



El próximo viernes, 9 de noviembre de 2007, a las 20.30 horas, tendrá lugar la presentación del libro Meditación de tu nombre, de Francisco Lambea Bornay, publicado por Sial Ediciones, en la Fundación Rafael Alberti (C/. Santo Domingo, 25, 11500 El Puerto de Santa María, Cádiz. Tel.: 956 85 07 11).

Intervendrán en el acto: María Asunción Mateo, presidenta de la Fundación Rafael Alberti y prologuista, Basilio Rodríguez Cañada, editor y presidente del PEN Club de España, y el autor del libro.

Francisco Lambea Bornay (Villanueva de la Serena, Badajoz, 1968 ) es licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense. Ha desarrollado labores periodísticas en Televisión Española, Cadena Ser, ABC y Antena 3 Radio y ejercido el articulismo en varias publicaciones. Desde 1996 es responsable de informativos de Telepuerto, televisión local de El Puerto de Santa María (Cádiz).

Meditación de tu nombre es un libro lleno de aciertos -tanto en la hondura de su contenido como en el esmerado estilo de la forma- que abre a Francisco Lambea un esperanzador futuro literario, similar en su precisión y claridad a la luz que irradian las encaladas azoteas de ese Puerto de Santa María en el que ha nacido y crecido su amor y cuyo sencillo resplandor puede llegar a deslumbrar.

"La Guarida del Alma"


Ayer se inauguró la exposición de la artista Gema Cornejo "La Guarida del Alma" a las 19.00 h en la sala de exposiciones de la Casa de la Juventud de Jerez, en calle Paúl s/n. El horario de visitas de la muestra es de lunes a viernes, de 9 a 14 h y de 17 a 21h. Podreis visitar la exposición hasta el 16 de noviembre.

‘La Guarida del Alma’ representa el escondite físico y efímero de nuestro Yo más profundo. Una arquitectura efímera de gran belleza en la que hoy pocos artistas se detienen a estudiar. Para un artista, el estudio de la anatomía es una premisa básica para conseguir una representación fiel de la figura humana. Y es que para reducir la figura humana a simples rasgos lineales hace falta algo más que las dotes normales que se suponen en todo artista: hace falta un profundo estudio de la anatomía.

Fallece Eloy Gómez Rube, autor de La trilogía: sperpento gaditano


El escritor Eloy Gómez Rube falleció la noche del sábado 3 de noviembre en Cádiz, después de una grave enfermedad. Gómez Rube es autor de La trilogía: sperpento gaditano de las vidas standars, obra que inicia la serie EH Teatro, y en cuya presentación, el pasado 31 de octubre, ya no pudo estar presente. La trilogía se presentó en la sala Pay Pay, de Cádiz, ante numeroso público. En el acto intervinieron Mauricio Gil Cano, director literario de EH Editores y Ana Sofía Pérez-Bustamante Mourier, a cuyo cuidado estuvo la edición. También se proyectó el vídeo de una entrevista que se le hiciera a Eloy, años atrás. A continuación, Juan Diego Fernández y Pedro Cervera, amigos de Eloy, realizaron una lectura dramatizada del segundo acto de "Vidas standars".
Ana Sofía Pérez-Bustamante dice en el prólogo de La trilogía que "el meollo de este libro es una trilogía teatral de carácter neoesperpéntico: tres sainetes canallas inspirados en el lumpen del gaditano barrio del Pópulo". Además de la parte dramática, el volumen recopila dos entrevistas, dos poemas, un autorretrato del autor, así como su célebre "Manifiesto contrakutre". La edición se ha llevado a cabo con la colaboración del Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, de la Facultad de Filosofía y Letras de dicha universidad, de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía y de la Diputación de Cádiz.
Eloy Gómez Rube (Cádiz, 1952-2007) ha sido el más genuino representante de la movida contracultural gaditana, incansable viajero por el espacio y las modas de la vida moderna de los últimos treinta y tantos años. Su rebeldía y bohemia le llevaron a fundir literatura y vida, creando a partir de la experiencia unos textos que en su mayor parte son indisimuladamente autobiográficos. Fue de los primeros en escribir una literatura gay. Durante los ochenta pasa temporadas en Madrid, donde concibió, junto a dos amigos, los Poemas métricos, tal vez, el primer poemario posmoderno.