9.29.2007

Juan Ramón Jiménez

Un pequeño cuento de uno de los considerados de los grandes. Habla de esa dualidad existencialista que a veces persigue al ser humano. Una delicia para el animal pensador.
Juan Ramón Jiménez
EL HOMBRE DOBLE
Yo lo había conocido al piano, una tarde grata, de cerca, en la penumbra gris y dulce del crepúsculo de primavera, en su salón. Me había parecido dulce, bueno, sencillo, vibrante el corazón de la música de su piano, entre sus hijos, su mujer y sus flores.
Luego, al otro día, en su despacho, de lejos, entrando yo por la puerta distante del banco grande, me pareció que lo había equivocado con otro. Estaba más enjunto, más oscuro, recostado entre legajo y hule, y con unos ojillos de pimienta que en nada se parecían a los azules del día de antes, unos ojillos que me miraban, acercándose, como con desagrado.
Llegando a un punto de la estancia, como en esos cambios de los árboles cuando nos acercamos a ellos, como si hubiera un escamoteo teatral, el hombre de hoy, el del escritorio, se transformaba otra vez, en el hombre de ayer, el del piano, y la sonrisa grande y blanda sucedía al mirar pequeño, duro y desagradable.
Debió notar mi confusión, y le dije lo que era:
-Al pronto no lo había conocido a usted. Me parecía usted otro.
Se rió con una risa fuerte, como si estuviera en el secreto de mi duda, una risa no sé si mala o buena, que no sé de cuál de los dos es, si del hombre dulce del piano, que se reía de mi sospecha, o del hombre molesto del banco, que se reía de mi infelicidad.
...La mujer leyó esta página, y, de pronto, sintió un escalofrío y dio un grito.
No era sospecha suya sólo. El poeta también lo había visto. En su casa había dos hombres.

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Piensa en voz alta

Siéntate y opina. Estás en tu casa.

piensa a la vieja usanza