9.26.2007

Georg Trakl

Salzburgo, 3 de febrero de 1887/ Grodek, 3 de noviembre de 1914
Georg Trakl, hijo de un comerciante del hierro, crece en el regazo de una gobernanta francesa que le lee a los poetas simbolistas. Desde muy joven, sus aficiones favoritas son el alcohol y las largas caminatas por el bosque. Ya de aprendiz de farmacia, descubre las cualidades introspectivas del cloroformo y se habitúa a él. Le siguen luego la cocaína, el veronal o el opio. En 1910 obtiene el título de maestro en Farmacia por la Universidad de Viena, donde vive en compañía de su hermana Gretl, estudiante de piano. Además de la única persona que le consideró siempre un gran poeta, Gretl es el único amor conocido en la vida de Trakl, cuya poesía oscura está repleta de sentimientos de culpa.
Estrena con poco éxito dos obras de teatro y una tétrica pieza para marionetas titulada "Barba Azul". En 1913 publica una colección de poemas, y el encierro se ha convertido en su forma natural de vivir. Trabaja en una farmacia de Salzburgo, y habla de huir a Borneo.
Las drogas, que consume masivamente, le ocasionan intoxicaciones y violentas crisis de vértigo. Visita Venecia en un penoso estado. Afirmado en su proyecto de viajar a Borneo, solicita ante el consulado holandés un destino como farmaceútico. La ayuda de 20.000 coronas, ofrecida por el filósofo Wittgenstein, llega demasiado tarde. Ha estallado la Primera Guerra Mundial y Trakl, con veintisiete años, es movilizado a los servicios sanitarios.
Ante el espectáculo de la batalla de Grodek, realiza una primera tentativa de suicidio con su revólver. Es sometido a observación psiquiátrica. Apenas duerme, obsesionado por la idea de que van a fusilarle. El 27 de octubre escribe una carta a su amigo Ficker: "Al despertar adviertes la amargura del mundo, toda su irredente culpa. Tu poesía es una expiación imperfecta." La carta incluye sus dos últimos poemas, "Lamento" y "Grodek". El 3 de noviembre, Georg se administra una sobredosis de cocaína que le produce el paro cardiaco. Aquí dejo algunos de sus poemas.
CANTO A LA NOCHE

Alguna vez reía mi demonio,
yo entonces era luz en brillantes jardines
y eran mi compañía las danzas y los juegos
y el vino del amor, que me embriagaba.

Alguna vez lloraba mi demonio,
yo entonces era luz en penosos jardines
y eran mi compañía la humildad
cuyo esplendor ilumina la casa de la pobreza.

Ahora que mi demonio ya no llora ni ríe
soy una sombra de jardines perdidos
mi solo compañero, oscuro como la muerte,
es el silencio de la vacía medianoche.

TROMPETAS

Bajo sauces castrados donde juegan niños morenos
y flotan las hojas, suenan trompetas. Tormenta de cementerio.
Banderas escarlata surcan la tristeza de los arces,
jinetes a lo largo de campos de centeno y vacíos molinos.

O en la noche cantan pastores y ciervos entran
en el círculo de sus fuegos, tristeza ancestral de la floresta,
de un muro negro se alzan danzantes;
banderas de escarlata, risa, demencia, trompetas.

LAMENTO

Sueño y muerte. Las águilas sombrías
rotan toda la noche en torno a esta cabeza:
del hombre la dorada imagen
devoraría la gélida ola
de la eternidad. Contra espantosos escollos
zozobra el purpúreo cuerpo
y se lamenta la obscura voz
sobre el mar.
Hermana de tormentosa melancolía
¡mira! Una barca miedosa se hunde
bajo las estrellas,
bajo el rostro silencioso de la noche.

2 pensaron en voz alta:

  1. Mi entierro ha sido emocionante. No han asistido las autoridades, puesto que yo no tengo nombre o, por decirlo con más precisión, es mi nombre quien no tiene Yo...(el aprisco al ovejo.)

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  2. UN FUNERAL ABYECTO Y OTRAS MONSERGAS DE HORROR. Me parece que el desafío que impone este vidrio repudiado radica precisamente en considerarlo como un elemento de frontera de la percepción visual que irrumpe contra el conocimiento que no siempre puede proporcionar la obra de arte. Si éste se retira, la pintura estalla, salpica, se disuelve la materialidad pictórica; si éste se conserva, la densidad de la materia se unifica en la superficie. La participación del vidrio es radical y quizá este elemento pueda revelar algo distinto con respecto a un juicio de valor común en la obra de Hatecraft: en diferentes ocasiones él manifestó su sorpresa ante las reacciones del público y de los críticos de arte; dijo con respecto a los segundos: “ellos siempre han insistido en esa vertiente del horror. Pero yo no la percibo especialmente en mi obra. Nunca pretendí provocar horror”, y también: “siempre me sorprendo cuando la gente habla de violencia en mi trabajo. No la encuentro del todo en mí mismo. No sé por qué la gente piensa eso. Nunca busco la violencia”.

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