9.19.2007

cuando el barco es dejado por las ratas





Imágenes del mural que estoy abordando en estos momentos.
Da miedo el cuerpo hundido en el blanco, sin otra matriz que la propia. Lucha de Titanes, la conquista de un temblor que te atrapa, y no hay David, no hay piedra certera, mi Goliat abre su ojo y mis heridas se diluyen en el borde acuático que fluye de mis manos. Nada que hacer, y mucho que decir ante el abandono, casi inminente, de esa puta triste a la que llaman conciencia; cuanta belleza en la palidez asomada de aquella chiquilla de Rubens, cuanta mejilla ardiendo, cuanto rubor rosado que araña desafiando las garras de la muerte. Inmaculada, impoluta blancura, como de algodones, como de un niño Jesús de Renoir, y como cuna la pared sin dioses ni creencias más allá de la vida misma. Trabajo, pálida y difusa y sólo pienso cúanta belleza y la flor y el pájaro y el pez y la piedra y ese blanco, que acaricia, que apacigua y te conduce despacito hasta la nada. Te aferras, a la pintura, como un naúfrago a un madero "cuando el barco es dejado por las ratas".
Cuando el barco es dejado por las ratas
a uno le vienen malos pensamientos;
alarmas sin razón, carencias natas,

pereza para aliviarse con los vientos
o no prever lo mucho que fatiga
la plenamar con sus aburrimientos.

No obstante puede ser que Dios bendiga
la quiebra del bauprés, las velas rotas,
y ante que en sombras llegue la enemiga

y las gotas se junten con las gotas
antes que el mar se encrespe o se confunda,
decore al fin el mástil con gaviotas

y el barco quede hermoso. Aunque se hunda.
Mario Benedetti
"Antología poética"

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