9.16.2007

Alejandra Pizarnik (Buenos Aires, 1939-1972)



Descubrí "La extracción de la piedra de la locura. Otros poemas" por casualidad, en la agradable librería de mi gran amigo y escritor Manuel Ramos Nieto, "La llave de cristal", hará ahora justo un año. Era uno de esos días lluviosos, donde la gente empuñaba sus paraguas y fruncía el ceño advirtiéndote de una posible agresión si te interponías en su camino. Yo que siempre me tomé la lluvia como una especie de bautismo, y aborrezco de tan aparatoso e insensible artefacto quita aguas, fui a buscar refugio y conversación a ese pequeño templo del libro, donde el suelo se me antoja un tablero de ajedrez, y las paredes son amarillas en honor a la carta que Vicent van Gogh escribió a su hermano Theo diciéndole: "Hoy he descubierto el amarillo". Revisaba el estante que Manuel tiene dedicado a las mujeres, debido (según me contó más tarde) a que un cliente suyo insinuó que la mayoría de los escritores eran hombres, cuando la encontré.

-Es una de las grandes. Llévatela.- Dijo con amabilidad Manuel.

Salí de allí con mi pequeño tesoro en las manos, envuelto en una bolsa de plastico y apoyado sobre mi pecho para protegerlo de la lluvia. Cuando llegué a mi estudio, empapada hasta los cuernos, como díria Jaime Gil de Biedma, me envolví en una manta y me sumergí en Alejandra. Desde entonces, estoy perdida: vuelvo a ella como un bucle, una y otra vez, para nadar en sus palabras inmensas, grandes, pero sobre todo, profundas, que a veces, te hacen naufragar.


CAMINOS DEL ESPEJO

Y sobre todo mirar con inocencia. Como si no pasara
nada, lo cual es cierto.

Como una niña de tiza rosada en un muro muy viejo
súbitamente borrada por la lluvia.

Cubre la memoria de tu cara con la máscara de la que
serás, y asusta a la niña que fuiste.

Y la sed, mi memoria es la sed, yo abajo, en el fondo,
en el pozo, yo bebía, recuerdo.

Como quien no quiere la cosa. Ninguna cosa. Boca
cosida. Párpados cosidos. Me olvidé. Adentro el viento.
Todo cerrado y el viento adentro.

Pero el silencio es cierto. Por eso escribo. Estoy sola y
escribo. No, no estoy sola. Hay alguien aquí que tiembla.

Aun si digo sol y luna y estrella me refiero a cosas que me
suceden. ¿Y qué deseaba yo?
Deseaba un silencio perfecto.
Por eso hablo.

Delicia de perderse en la imagen presentida. Yo me
Levanté de mi cadáver, yo fui en busca de quien soy.

Peregrina de mí he ido hacia la que duerme en un país al
viento.

Mi caída sin fin a mi caída sin fin en donde nadie me
aguardó pues al mirar quién me aguardaba no vi otra cosa
que a mí misma.

Algo caía en el silencio. Mi última palabra fue yo pero me
refería al alba luminosa.

Deslumbramiento del día, pájaros amarillos en la mañana.
Una mano desata tinieblas, una mano arrastra la cabellera de
una ahogada que no cesa de pasar por el espejo. Volver a la
memoria del cuerpo, he de volver a mis huesos en dueño, he
de comprender lo que dice mi voz.

Alejandra Pizarnik, de “extracción de la piedra de la locura” (1968).

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Piensa en voz alta

Siéntate y opina. Estás en tu casa.

piensa a la vieja usanza